Interpretación de la vegetación mediterránea respecto al agua. Bosques

                                                                                                                                                                                                                         20/10/2014

El conocimiento de campo y en especial las claves que nos aporta su tapiz vegetal, nos va a permitir valorar datos tan básicos como la precipitación anual, los periodos de sequía y humedad del suelo, las variaciones locales en la evapotranspiración real, la existencia o no de agua freática, las posibles precipitaciones horizontales, etc.

Ante la contemplación de un paisaje de tipo mediterráneo es necesario conocer unas pequeñas claves de identificación que nos ayuden a “leerlo” o interpretarlo. Todo ello tiene mucho que ver con la precipitación. Hay una intima relación entre los paisajes que contemplamos y los factores del clima, lo cual constituye la ley universal de la Geobotánica: correlación o correspondencia entre clima y vegetación.

El clima es un factor muy complejo, ya que muchas variables intervienen en su definición, no sólo la precipitación media y la temperatura. A la hora de tratar de interpretar la vegetación hemos de tener en cuenta también múltiples factores locales que definen el microclima o clima local, como por ejemplo los bosques:

A partir del conocimiento de unas pocas especies arbóreas dominantes que definen los bosques se puede interpretar la disponibilidad de agua en un territorio. Hablando sólo de bosques mediterráneos, existe una gran diversidad de ellos en España, con diversas variantes y situaciones mixtas. Pero sólo unas pocas especies arbóreas autóctonas dominan en las masas forestales, ya que el resto son acompañantes:

Encinares: indican siempre una situación plenamente mediterránea de tipo medio, con precipitación anual comprendida en el intervalo 350–550 mm (ombroclima seco; pisos termo, meso- y supramediterráneo), con un déficit hídrico o sequía variable, de varios meses al año. El encinar consume poca agua.

Alcornocales: El alcornoque (Quercus suber), requiere unas condiciones de humedad algo superiores a los encinares (más humedad y ambiente más cálido). Por ello, ocupa zonas un poco más frescas o con más humedad ambiental, por lo que busca la influencia atlántica, con precipitación igual o superior a 500-550 mm anuales.

Otros bosques mediterráneos escleroperennifolios atípicos pueden aparecer, ya sea como acompañantes o puros, en situaciones muy especiales: madroñales o acebuchares. El madroñal (de Arbutus unedo), suele indicar condiciones similares al alcornocal, siendo normalmente matorral acompañante de éste o sus formaciones derivadas. Del acebuchar hablamos al describir las formaciones más xéricas mediterráneas (con humedad baja).

A continuación hablamos de los bosques de coníferas mediterráneos. En general existe un paralelismo ecológico, de exigencias climáticas y de precipitación, entre bosques de frondosas quercíneas (género Quercus), y de coníferas (Pinus, Juniperus), éstas últimas más antiguas. Las frondosas, más modernas, casi siempre están mejor adaptadas, pero en otros casos, por factores naturales y por influencia de factores humanos, perviven y dominan las coníferas, que a menudo están mejor adaptadas a suelos de peor calidad. Ese paralelismo se manifiesta en las exigencias de precipitación, a cada unidad de bosque de frondosas mediterráneas se corresponde (más o menos), una unidad de bosque de coníferas. La presencia bajo sus pies de suelos de peor calidad, en general menos profundos, supone la disminución de la capacidad de retención. La consecuencia no es otra que el aumento de la infiltración hacia capas profundas, o de las escorrentías cuando se producen precipitaciones y los suelos están saturados. En definitiva, un menor consumo de agua verde que las frondosas y una mayor producción de agua azul.

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